ESCUELAS DE VERANO, UN REGALO DE DIOS

Un año más hemos celebrado con alegría y gratitud las Escuelas de la Fe en nuestra querida Iglesia de Santiago. Y ya hace más de 30 años que comenzaron en algunas Vicarías las que hoy llamamos con cariño y acierto estacional "Escuelas de Verano". Escuelas que, desde inicios de los noventa, se realizan en todas las Vicarías y Zonas pastorales, sea a nivel central o decanal.

Un año más hemos celebrado con alegría y gratitud las Escuelas de la Fe en nuestra querida Iglesia de Santiago. Y ya hace más de 30 años que comenzaron en algunas Vicarías las que hoy llamamos con cariño y acierto estacional "Escuelas de Verano". Escuelas que, desde inicios de los noventa, se realizan en todas las Vicarías y Zonas pastorales, sea a nivel central o decanal.

¡Muchos miles de cristianos hemos vivido a lo largo de los años esta experiencia de encuentro con Jesús, de formación en la vida y en la fe, y de encuentro eclesial con los hermanos y hermanas!

Sin duda, las "Escuelas de Verano" han sido y son una experiencia de gracia y un verdadero regalo de Dios para nuestra Arquidiócesis de Santiago, que siempre ha dado una especial importancia a la formación y que hoy hace suyo el desafío fundamental que nos plantea Aparecida: "Mostrar la capacidad de la Iglesia para promover y formar discípulos y misioneros que respondan a la vocación recibida y comuniquen por doquier, por desborde de gratitud y alegría, el don del encuentro con Jesucristo" (DA 14).

Nuestra identidad de discípulos misioneros nos remite inmediatamente a la formación. "Todos en la Iglesia estamos llamados a ser discípulos y misioneros. Es necesario formarnos y formar a todo el Pueblo de Dios para cumplir con responsabilidad y audacia esta tarea" (DA, Mensaje final 3). Todos somos formandos en el seguimiento de Jesús Maestro y todos somos continuadores de su misión de formar discípulos misioneros, como padres de familia, hermanos en nuestras comunidades, agentes pastorales, educadores, ciudadanos y constructores de la sociedad.

Por ello, y aunque hemos vivido un año 2011 difícil, también al comenzar el año 2012 nos hemos vuelto a reunir varios miles de cristianos en las "Escuelas de Verano", para continuar nuestra formación guiados por el Plan de Formación de Laicos de nuestra Arquidiócesis, que nos ofrece un itinerario de formación integral, para ayudarnos a crecer en todas las dimensiones de nuestra persona y para capacitarnos en nuestro servicio pastoral y social a la Iglesia y al mundo.

Pido disculpas, de entrada, por añadir ahora mi testimonio personal, pero llevo diez años visitando cada año las diferentes Escuelas de Verano que me es posible (pues son unas 25 aproximadamente) y les puedo asegurar que es un regalo de Dios y una experiencia única ver en las Escuelas a familias enteras (también con sus niños), a muchos jóvenes (este año incluso después de seguir teniendo clases por la mañana), a muchos adultos que llegan corriendo y cansados después del trabajo, a muchas personas contentas y agradecidas de tener la oportunidad de "volver a estudiar" y que van contentos como chiquillos con su Biblia y cuadernos bajo el brazo a las "clases", a muchos agentes pastorales (coordinadores, animadores, catequistas, misioneros, comunicadores, profesores, ministros...) que además de su "pega" de todo el año quieren seguir formándose para servir mejor, y a tantos hombres y mujeres, consagrados y laicos, que se ponen generosa y, muchas veces, gratuitamente al servicio de la organización de las Escuelas y de la realización de los cursos... Y ver a todos viviendo con alegría el encuentro y el compartir con los hermanos y hermanas, en una auténtica experiencia de comunión humana, de fe y eclesial.

Estamos realizando en estos días la clausura de todas las "Escuelas de Verano" y por lo tanto todavía no les puedo ofrecer datos cuantitativos concretos, pero sí les puedo asegurar, como les decía al inicio, que son una experiencia de gracia y un verdadero regalo de Dios para nuestra Iglesia.

Ojalá que todos sepamos acoger, agradecer, vivir y gozar este regalo que nos hace el Señor, y lo compartamos con todos los cristianos de nuestras comunidades, pues necesitamos formarnos más cada día para responder al envío que nos hace el Señor de ser sus discípulos misioneros en el mundo de hoy, para seguir anunciando el Evangelio, ser lugares de encuentro con Jesús y constructores de un mundo más humano, fraterno y justo para todos.

Gracias, Padre, por el regalo de tus Escuelas de Verano en nuestra Arquidiócesis y recuérdanos a todos tus hijos de la Iglesia de Santiago que nos invitas a promover y vivir un nuevo encuentro contigo y los hermanos en las Escuelas permanentes y de Invierno durante este año, y en las Escuelas de Verano del 2013.

 

Padre José Luis Fernández de Valderrama, MSpS

Director Ejecutivo del INPAS

 

Editorial de la semana www.iglesiadesantiago.cl


 

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