ALFONSO BAEZA, TESTIMONIO DE IGLESIA EN EL PUEBLO (1)

“Creerle a los trabajadores y a los pobladores, creer en sus capacidades y aptitudes más que lo que nosotros podemos hacer. Yo hice todo lo posible por no entrar al Seminario. Me sentía como condenado a muerte cuando entre ahí, pero eso es lo que quería el Señor y no quería comportarme como el joven rico del que habla el evangelio que se negó a hacerlo.” (2)

De estatura baja, igual que su perfil, Alfonso Baeza intenta pasar más desapercibido de lo que realmente puede. A propósito de la conmemoración de los cuarenta años del golpe militar, pero sobre todo por su activa e incansable participación como ex Vicario de la Pastoral Obrera es múltiplemente convocado a conversatorios, exposiciones, presentaciones de libros y encuentros. No han sido espacios buscados ni protagonismos deseados. Así, como al hecho de ser cura fue empujado irremisiblemente por el destino, en suma por su práctica evangélica en la huella del Nazareno, se caracteriza por compartir en todos los lugares y personas con la sencillez de un hombre que cree poco en lo halagos, pero mucho en las opciones evangélicas, sobre todo cuando ésta toma el rostro de las mayorías sociales, sus realidades y esperanzas. 

Desde las vivencias conocidas como voluntario en el basural de San Manuel a inicios de la década del cincuenta pasó, en la década del sesenta, a hacerse parte del mundo popular compartiendo sus condiciones, tanto de espacio como de actividad (viviendo en la población José María Caro y acompañando a los trabajadores). Más tarde, por su opción de estar con los perseguidos y violentados de la dictadura, Alfonso Baeza junto a muchas y muchos otros religiosos y laicos, comprometió su existencia en pos de la defensa y promoción de los derechos humanos, concepto que ha intentado entender en su dimensión más ancha y profunda, por ejemplo acompañando a los familiares de las 81 personas asesinadas en la cárcel de San Miguel en diciembre de 2011 y hablando claro en pos de un sistema más humano, cristiano y digno hipotecado por el actual sistema dominante.

Las opciones y prácticas antes descritas configuran un modo de ser y hacer iglesia que corre peligro de extinción sino se tiene a bien reparar en el sentido y consecuencias de sus acciones. Pues ese sentido y esas consecuencias son las que le otorgan autoridad moral, pero sobre todo cercanía y complicidad con los que supuestamente son sus predilectos: los pobres y con mayor razón, los excluidos que el sistema rotativamente reproduce sin importarle la responsabilidad que le atañe.

Alfonso Baeza decía que su opción había sido tomada dentro de una “Iglesia que estaba muy lejos de los trabajadores y eso me parecía clave, en el hecho que Jesús había sido pobre, había sido como ellos (…) el proceso de cambio no solo venía (ni viene) de ellos sino también del mundo político y social que les rodea” (2012). Así como en tantos momentos críticos de ayer, hoy, la iglesia puede y debe sacar la voz no para sobrevivir como institución solamente sino para recuperar su sentido, el de un Dios que es praxis de esperanza amorosa y de vida entre las muchedumbres del mundo.

 

Paulo Álvarez

 

NOTAS:

[1] Paulo Álvarez asiste al encuentro y nos comparte esta reflexión, fruto de su propia experiencia y discernimiento. Él es historiador y poblador de la población La Legua.

[2] Entrevista a Alfonso Baeza. Realizada y filmada en octubre de 2012 por el autor de estas líneas junto al acompañamiento técnico de Paolo Di Girolamo.

 

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